A finales de 2022, se lanzó al público ChatGPT 3.5, una aplicación de inteligencia artificial desarrollada por OpenAI, una empresa que, aunque muchos no conocían, ya llevaba más de cinco años siendo mencionada en el ámbito tecnológico (en parte porque Elon Musk aparecía vinculado a ella).
Hasta entonces, para muchas personas, la inteligencia artificial estaba asociada con películas de robots, a pesar de hitos como Deep Blue (1985) y DeepMind (2014), que demostraron su potencial al vencer a maestros humanos en ajedrez y Go. Sin embargo, el interés del público general había decaído... hasta que llegó ChatGPT.
En pocos días, la aplicación se convirtió en una de las más descargadas y usadas del mundo, con millones de usuarios.
Yo también quise probarla. Al abrirla, me encontré con un chat similar a los bots de atención al cliente que ya conocía (esos sistemas rígidos y poco eficientes que siempre nos hacen desear hablar con un humano). Pero ChatGPT era diferente.
Alan Turing usando ChatGPT (imagen obviamente generada usando una herramienta que ha superado la prueba de Turing 😁)
Al principio, lo usé como usaba Google: pregunté capitales, fórmulas matemáticas, autores de libros... Sus respuestas eran precisas, pero no entendía por qué no tenía información más actualizada (hasta 2023 descubriría lo de las ventanas de contexto y los datos de entrenamiento).
Lo que más me sorprendió (y a muchos otros) fue su capacidad para simular una conversación natural, casi humana. Podías pedirle que adoptara un rol o un tono específico, y sus respuestas eran fluidas y contextualizadas. Era como hablar con una persona, no con una máquina.
Esto marcó un cambio de paradigma en la búsqueda de información. Pasamos de los directorios de Yahoo al dominio absoluto de Google durante dos décadas, y ahora estamos ante una nueva era: la de la IA conversacional. En solo dos años, mis búsquedas en Google han disminuido un 80%.
Pero esto fue solo el principio. Después de superar la etapa de usarlo como un Google mejorado, descubrí su verdadero potencial, especialmente para los profesionales de la Ciencia de la Información.
Acá es donde empezamos este viaje en este nuevo paradigma, servicios más eficientes, rápidos y confiables, con retos como la seguridad y la ética, esta serie de artículos pretenden visualizar lo bueno y lo no tan bueno, desde un perspectiva personal y profesional y mostrando al Open Source como una estrategia de cambio social, en su dimensión política, tecnológica y económica.
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